lunes, 2 de junio de 2014

Dibujo del natural. Santuario de Nuestra Señora de Regla y Faro, Chipiona.

Dibujo con lápices de colores sobre lámina de 21 x 27,7 cms., de Juan Manuel Valladares.
        Tiene su origen en un castillo fortaleza, propiedad de los Ponce de León, Señores de Chipiona.
      D. Pedro III Ponce de León, cuarto señor de Marchena y primer Conde de Arcos lo donó a los agustinos en 1399, para convertirlo en iglesia y así dar culto a la Virgen.
      El castillo sufrió múltiples modificaciones a lo largo de los siglos para adaptarlo a sus usos religiosos, pero manteniendo siempre su imagen de fortaleza. Para su adaptación, con los favores de los Ponce de León, señores de Rota y Chipiona y los Pérez de Guzmán, señores de Sanlúcar. Además, se ofrecieron indulgencias para aquellos que visitasen y ofreciesen limosnas al Santuario, con las que se sufragaron las nuevas obras. 
      El monasterio se ensancha en torno a dos patios: el llamado del Real y el Conventual, este último conocido como el Patio Mudéjar y joya del Santuario, destacando el aljibe (1460) y el ajimez o ventana con parteluz, que podría ser mozárabe.
      El siglo XVII supuso la edad de oro del Santuario, el culto a la Virgen de Regla cruzó fronteras por tierra y mar y se construyó el Humilladero. 
      Ya en el siglo XIX, destacan dos fechas oscuras: 1808, año en el que debido a la invasión francesa los religiosos tuvieron que abandonar el Santuario, y 1835 en el que la Exclaustración de las Órdenes Religiosas hizo que los agustinos se vieran obligados a dejar este lugar, en esta ocasión para siempre. El Santuario fue víctima de expolios y cayó en el abandono, no así la imagen de la Virgen de Regla, que fue llevada hasta la Parroquia, lugar donde permanecería durante 17 años.
Dibujo con lápices de colores sobre lámina de 21,80 x 28,4 cms., de Paula Domínguez.
      En 1851, los Infantes de Orleáns, que habían establecido su residencia veraniega en la vecina localidad de Sanlúcar, hicieron una visita a Chipiona donde tuvieron conocimiento de la historia de la Virgen de Regla. Una vez conocida se propusieron restaurar la antigua iglesia y devolver la imagen a su lugar, teniendo lugar este regreso el 7 de septiembre de 1852. Se nombró al Padre Castro como capellán de la iglesia, abriéndose una nueva etapa en el Santuario hasta la llegada de los franciscanos.
      Durante la segunda mitad del siglo XIX, la Orden de San Francisco intentaba revitalizar sus misiones y restaurar Provincias y conventos extinguidos. En 1882, el Estado cede el Santuario al Padre Lerchundi, permitiéndole el establecimiento de un colegio de misioneros para Marruecos y Tierra Santa. Desde que los franciscanos se hacen cargo, la devoción popular hacia la Virgen cobra un auge sin precedentes.
      El proyecto de construcción de un nuevo templo, espacioso para el auge que había experimentado el culto, era una idea que acariciaban los franciscanos desde poco después de su llegada a Regla. Pero en 1899 pasó a la voz popular, cuando en la fiesta de la Virgen el predicador lanzó desde el púlpito la idea de levantar un nuevo templo.
      El 17 de mayo de 1904, se aprobó el derribo de la iglesia y en el mismo año se procedió a la construcción del nuevo templo. La obra, de estilo neogótico, se realizó en sólo dos años, y se inauguró en 1906 (a falta de la torre principal que se finalizaría en 1909).